Dos diputadas son castigadas, pero una senadora con antecedentes de expresiones polémicas permanece sin una sanción pública comparable. ¿Dónde quedó la igualdad?
Morena presume disciplina, principios y reglas internas. Sin embargo, una nueva polémica amenaza con poner a prueba esa narrativa.
La CNHJ tomó medidas contra Nayeli Salvatori y Graciela Palomares por comentarios considerados discriminatorios contra adultos mayores. Ambas enfrentan una suspensión temporal de sus derechos partidistas como medida cautelar.
Hasta ahí, todo parece sencillo.
Lo complicado comienza cuando se compara el criterio con otros casos.
En Tlaxcala, la senadora Ana Lilia Rivera también ha utilizado expresiones que provocaron fuertes cuestionamientos. Una de las más recordadas ocurrió cuando, ante una pregunta sobre su desempeño legislativo, respondió:
“¿Y quién es el estúpido que lo pregunta?”
Después vino la explicación: para Rivera, “estúpido” podía interpretarse como “necio”.
Pero hay más.
En 2024, durante una sesión del Senado, la entonces presidenta de la Cámara Alta fue señalada por referirse como “pinche loca” a la senadora Kenia López Rabadán.
Entonces aparece la pregunta que incomoda:
Si por expresiones consideradas ofensivas hay sanciones para unas, ¿por qué no para otras?
No se trata de defender los comentarios de ninguna legisladora. Se trata de exigir que el criterio sea parejo.
Si Morena tiene un código de conducta, que lo aplique.
Si hay sanciones, que sean para todos.
Si determinadas palabras cruzan la línea, que la línea sea la misma para diputadas, senadoras y cualquier otro militante.
Porque cuando el castigo depende del cargo o del peso político, la disciplina deja de parecer justicia y empieza a parecer privilegio.
La pregunta queda sobre la mesa: ¿Morena aplicará la misma vara para todos o las reglas también tienen excepciones políticas?


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