No jugaba en un estadio lleno ni frente a miles de aficionados. Sus grandes escenarios fueron las canchas de barrio, las ligas amateur y los torneos donde cada atajada se celebraba entre compañeros y amigos.
Ahí, entre porterías, balones y guantes, José Ignacio Moreno Fernández construyó su historia.
Todos lo conocían como “Nacho Porte”.
Tenía 29 años y durante los últimos cinco había convertido a Tlaxcala en una parte fundamental de su vida deportiva. Viajaba constantemente desde Puebla para entrenar, jugar y enseñar a otros guardametas.
El futbol era prácticamente una actividad de todos los días.
Hasta que el 28 de septiembre de 2026, un accidente en la supercarretera Cuacnopalan-Oaxaca puso fin a su vida.
De las canchas amateur a representar a México
La trayectoria de Nacho no comenzó en las ligas tlaxcaltecas.
Pasó por F.C. Los Ángeles, Leones de Huauchinango, Santiago Tulantepec y Lobos BUAP, donde alcanzó la categoría Sub-20.
A los 19 años comenzó también a participar en las llamadas talachas y poco a poco el futbol amateur se convirtió en uno de los principales motores de su vida.
Con Street Puebla logró campeonatos nacionales y posteriormente tuvo la oportunidad de representar a México en competencias internacionales.
Con CTM Puebla consiguió títulos regionales, estatales y nacionales de los Trabajadores.
En Grecia disputó un Mundial y consiguió el tercer lugar.
Entre sus recuerdos deportivos quedaron partidos frente a selecciones como Italia y Portugal.
Siempre con el mismo número:
28.
El 28 que marcó su historia
Nacho nació el 28 de abril de 1997
.
Por eso eligió el número 28.
Lo llevó en sus camisetas y terminó convirtiéndolo en una parte inseparable de su identidad como futbolista.
La coincidencia que hoy sorprende a sus compañeros es que también murió un día 28.
Nació un 28. Murió un 28.
Entre ambas fechas transcurrieron 29 años.
No hay una explicación detrás de esa coincidencia. Simplemente quedó como una última marca en la historia del portero.
Cinco años defendiendo porterías en Tlaxcala
En Tlaxcala, Nacho encontró varias de las canchas donde consolidó su nombre.
Jugaba con Tlachco Futbol Soccer, dentro de la Liga Chiautempan 86, y también defendía la portería del Deportivo Santa Cruz, en la Liga Tlaxcala.
Se enfrentó a numerosos jugadores durante torneos y ligas.
El goleador Juan Manuel Macías lo enfrentó en distintas ocasiones y recordó que la última vez fue durante una final de la Liga de Ixtenco.
Después de conocer la noticia, acudió a despedirlo y acompañó a su familia.
El portero que también enseñaba
Pero quienes conocieron a Nacho saben que su historia no se reducía a las atajadas.
También entrenaba porteros.
Su manera de comenzar las prácticas quedó grabada en la memoria de quienes estuvieron con él:
“¡Porteros, porteras, porteritos, porteritas!”.
Era la voz con la que reunía a quienes querían aprender a colocarse bajo los tres postes, lanzarse por un balón y volver a levantarse después de una caída.
También tenía una cámara.
Grababa sus partidos y entrenamientos con cámaras de acción y posteriormente compartía las imágenes en redes sociales.
Su página de Facebook reunió alrededor de 29 mil seguidores, convirtiéndose en una ventana a su vida deportiva.
Los guantes que terminaron siendo su mayor recuerdo
Entre tantas fotografías y videos existe una escena que hoy tiene un significado especial.
Después de un partido, Nacho se acercó a un niño y decidió quitarse los guantes.
Se los regaló.
El menor los recibió y los llevó consigo.
Tras la muerte del portero, su padre recordó aquel momento:
“Aún tiene mi hijo los guantes que le diste y los cuida como no tienes idea”.
No fue un trofeo ganado en una final.
No fue una medalla.
Fueron unos guantes usados que un portero decidió entregar a un niño.
Y terminaron convirtiéndose en uno de los recuerdos más valiosos de Nacho.
“¡Vamos, Nacho! ¡Tú puedes!”
El último adiós ocurrió en San Jerónimo Caleras, Puebla.
Familiares, amigos, compañeros de
equipo y aficionados llegaron para despedirlo.
Entre ellos estaba su madre.
Cuando el féretro comenzó a descender, su voz se escuchó por encima del silencio:
“¡Vamos, Nacho! ¡Tú puedes!”.
Fue el último grito de una madre hacia su hijo.
Nacho dejó una hija y una esposa que espera un bebé. También quedaron sus padres, su hermano, sus compañeros y todos aquellos que compartieron alguna cancha con él.
En 2026 todavía tenía planes deportivos. Había participado en la etapa estatal y se preparaba para intentar alcanzar el Mundial de Trabajadores de Dinamarca 2027.
Ya no podrá disputar ese torneo.
Tampoco volverá a colocarse los guantes para defender una portería.
Pero en las canchas de Puebla y Tlaxcala quedó algo más difícil de borrar que una atajada: el recuerdo de un portero que hizo del futbol su vida y que también encontró tiempo para enseñar, compartir y regalar sus guantes.
El último partido de Nacho Porte terminó el 28 de septiembre.
Su historia, no.


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