En cada pueblo siempre hay alguien que presume ser el héroe de la función, aunque su capa esté hecha de puro celofán. En Tlaxcala, ese papel lo ha reclamado Miguel Ángel Covarrubias, quien el lunes demostró que lo suyo no es ayudar, solo hacer teatro con la desgracia ajena.
El 29 de septiembre, un joven motociclista de 22 años se estrelló contra la camioneta Chevrolet S-10, modelo 2016, manejada por Miguel Ángel Covarrubias Martínez, padre del exalcalde de San Damián Texoloc.

Todo ocurrió a un costado del monumento a Tlahuicole, en Tlaxcala capital, luego de que presuntamente los frenos de la moto fallaran.
Mientras el joven yacía en el pavimento, ensangrentado y desorientado, apareció Covarrubias hijo, no con auxilio, solo con el celular en la mano, grabó un video en el que con tono triunfal explicó que todo había sido un susto y que el motociclista asumiría su responsabilidad, una versión acomodada para eximir a su padre en tiempo real y lanzada de inmediato a las redes sociales.

En lugar de empatía, hubo montaje, y en vez de ayuda, hubo show.
Covarrubias, acostumbrado a brincar a escena como si fuera un justiciero en casos ajenos, se exhibió como un oportunista que solo aparece donde la cámara lo puede enfocar, pero esta vez, la historia lo delató, cuando se trata de su familia, defiende a ultranza, cuando se trata de un joven accidentado, lo convierte en utilería para un video.

La imagen: Un muchacho en el suelo, herido, y un político frustrado con el celular en mano, usando la desgracia como combustible para su ridículo protagonismo.
Superhéroe de papel que solo aparece cuando conviene a su apellido.



Deja un comentario