Miles de ciudadanos denunciaron agua turbia, malos olores y posibles contaminantes; la protesta frente a Casa Jalisco terminó con gases lacrimógenos, cañones de agua y decenas de detenidos.

¡Agua limpia, no represión! Lo que comenzó como una movilización ciudadana para exigir un servicio básico en condiciones dignas terminó en enfrentamientos con la policía estatal frente a Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador Pablo Lemus Navarro.

La megamarcha del domingo 11 de octubre reunió a habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara que salieron a las calles para denunciar la mala calidad del agua que llega a sus hogares. Entre las principales quejas se encuentran la presencia de sedimentos, olores desagradables y una coloración café o negra, condiciones que, aseguran, les impiden utilizar el líquido con normalidad para bañarse, lavar ropa e incluso cocinar.

La molestia no es nueva. De acuerdo con los reportes difundidos en días anteriores, habitantes llevan meses denunciando problemas con el suministro y aseguran que han tenido que gastar dinero adicional en agua embotellada para cubrir sus necesidades básicas.

Bajo las consignas “Queremos agua limpia” y “Fuera Lemus”, familias, jóvenes y otros sectores de la población marcharon desde la glorieta de La Minerva hasta las inmediaciones de la residencia oficial del mandatario estatal para exigir respuestas y soluciones.

DE EXIGIR AGUA LIMPIA A ENFRENTAR CHORROS A PRESIÓN

La tensión aumentó cuando los manifestantes llegaron a Casa Jalisco. Después de que un sector de la movilización retirara vallas y lanzara objetos contra los elementos antimotines, los policías utilizaron gases lacrimógenos, dispositivos de dispersión y cañones de agua a presión para dispersar a la multitud.

El operativo provocó cuestionamientos sobre el uso de la fuerza pública frente a ciudadanos que reclamaban acceso a agua de calidad. El contraste resultó inevitable: mientras la población denuncia dificultades para disponer de agua en condiciones adecuadas, durante la protesta se utilizaron chorros de agua para intentar dispersar a quienes exigían una solución.

Hasta el momento, la información proporcionada no permite confirmar si el agua utilizada por los dispositivos policiales era potable. Sin embargo, el episodio abrió un debate sobre las prioridades de las autoridades y el manejo de un recurso indispensable para la población.

El balance oficial reportado fue de 39 personas detenidas y 59 lesionadas: 31 civiles y 28 policías. Por su parte, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco desplegó personal en la zona, abrió 41 actas de investigación y emitió medidas cautelares para proteger los derechos humanos y garantizar la atención médica de las personas involucradas.

Aunque el gobernador había reconocido el derecho de la ciudadanía a manifestarse y admitido la gravedad de la crisis del agua, la movilización terminó marcada por los enfrentamientos y las denuncias sobre el actuar policial.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Es correcto utilizar chorros de agua para dispersar a quienes exigen agua limpia, mientras miles de familias denuncian problemas con el suministro, o deberían priorizarse las soluciones para garantizar este recurso indispensable a la ciudadanía?


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