• La dirigencia de Morena Tlaxcala fue cuestionada por permitir la incorporación de Kevin Bocardo sin medir los costos políticos y sociales.

El séptimo regidor de Apizaco, Kevin Fernando Bocardo, es blanco de la controversia tras anunciar su incorporación al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pese a que llegó a dicho cargo bajo las siglas del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Su decisión no solo ha sido vista como un acto de oportunismo, sino que también abre un cuestionamiento inevitable: ¿dónde queda el compromiso con la agenda verde que decía representar y que lo impulsó a la vida política?

El movimiento del joven regidor incumple acuerdos y estatutos de su partido original, dejando al descubierto la fragilidad de un proyecto político que prometía responder a causas ambientales y terminó por diluirse en intereses personales; pues en lugar de mostrar una nueva forma de hacer política desde las juventudes, Kevin Bocardo parece normalizar prácticas de traición y manipulación que, lejos de fortalecer la confianza, la erosionan.

Para muchos observadores, lo ocurrido no es un simple cambio de camiseta, sino un claro ejemplo de cómo los jóvenes en política pueden reproducir las viejas prácticas del oportunismo, aun cuando se presenten como la “nueva generación”.

A la polémica se sumó la diputada independiente Soraya Noemí Bocardo, madre del regidor, quien trató de minimizar el hecho argumentando que su hijo tiene edad suficiente para tomar sus decisiones políticas. Sin embargo, no descartó la posibilidad de seguir la misma ruta hacia Morena, lo que dejó en el aire la sospecha de que el “chapulineo” no sería exclusivo del joven regidor.

Las redes sociales no tardaron en reaccionar, y Kevin Bocardo fue señalado como arribista y oportunista. De igual manera, militantes de Morena, en las redes sociales de la presidenta del comité estatal, expresaron su inconformidad al considerar que la llegada de perfiles improvisados desplaza a quienes han sostenido las causas del partido desde sus inicios.

La política no debería ser un trampolín de intereses particulares, y menos cuando se trata de juventudes que deberían marcar diferencia y construir esa “nueva historia” que tanto pregonan. Si la incongruencia y la traición se normalizan, lo único que se transmite a la sociedad es que la ambición personal pesa más que el compromiso con las causas colectivas.


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